domingo, 4 de mayo de 2008

Oslo

Este puente me he acercado a Escandinavia, algo que me gusta hacer cuando las obligaciones y sobre todo el bolsillo me lo permiten, y le ha tocado el turno a Noruega. Oslo tiene dos aeropuertos, el Oslo Airport y el de Torp, que es el que trabaja con Ryanair. Los vuelos de Ryanair evidentemente son más baratos, pero conviene estudiar si la diferencia compensa, puesto que Torp está muy lejos de Oslo, a hora y media de trayecto en un autobús que cuesta la friolera de 290 coronas el trayecto ida y vuelta (unos 35 euros). Además, los horarios que se pueden descargar desde la web de la empresa de autobuses no están actualizados ni son de fiar, cuando fui a coger el bus de vuelta resulta que partía media hora más tarde de lo que ponía su web: afortunadamente no fue media hora antes. Mientras al aeropuerto principal de Oslo hay trenes y autobuses continuamente, al de Torp hay un solo autobús para cada vuelo que sale así que mucho ojo con no perderlo, puesto que el siguiente puede salir una hora u hora y media después.












Una vez en la ciudad, es más bien pequeña y práctica para visitar. Hay una calle principal, la Karl Johans gate, en la que se encuentran la catedral, el parlamento, la universidad, el teatro nacional y, al final, el palacio real, sobre el parque de Slotts. El ayuntamiento está muy próximo pero un poco más abajo, ya pegado al mar y al castillo de Akershus, una fortaleza que la familia real utiliza para alguna que otra cena de gala. Arquitectónicamente es una ciudad sobria, como todas las escandinavas, e incluso más discreta que Copenhage o Estocolmo, ya que el estado noruego es más reciente y tiene una historia menos esplendorosa.















El primer punto estrella de la ciudad es la National gallery, especialmente la sala dedicada a Edvard Munch, donde se puede ver la Madonna, El beso y, como no, El grito. Esto ha dejado un poco sin sentido la existencia del museo Munch, que ya sólo vale la pena para los que estén muy interesados en el artista y quieran ver otras obras no tan conocidas como su Vampira. Queda en la parte alta de la ciudad, así que hay que ir allí a propósito, y cierra a unos horarios poco adecuados para los españoles, las 4 de la tarde. El ir hasta esa zona me permitió ver Toyen, un barrio de inmigrantes, y si se dispone de tiempo, que no era mi caso, el museo se encuentra en medio de un extenso parque que alberga también otro museo, el de historia natural.












Pero para parques, aparte del Slottsparken, pequeño pero que acoge al discreto palacio real, el rey es Frognerparken, una de cuyas partes se conoce como parque de Vigeland por albergar las esculturas de este señor, que como se puede ver son bastante impresionantes. Está situado en la parte noroeste de la ciudad y si no llueve se puede ir caminando desde el centro atravesando el muy burgués barrio de Briskeby.

Hay todavía otro parque-museo más, el del pueblo, el Folkemuseum. Consiste en un montón de casas tradicionales vikingas (algo así como el Pueblo Español de Barcelona pero en versión noruega) junto con reconstrucciones de edificios antiguos como tiendas, escuelas y una espectacular iglesia de madera. Está lejillos del centro pero eso en vez de resultar un inconveniente es más bien una ventaja porque permite coger el barco para ir hasta allí. Muy cerca se encuentra otro museo importante, esta vez cerrado, el de los barcos vikingos, donde han restaurado tres naves funerarias de la época medieval.












Con tanto museo uno podría plantearse comprar la tarjeta Oslopass, que permite el acceso gratuito a todos estos sitios. Lo cierto es que la National Gallery es gratis y la entrada a la zona exterior del Folkemuseum, que es lo interesante, cuesta sólo 10 coronas, así que salvo que uno sea muy museístico o que llueva mucho (que es probable) considero que no vale la pena. Yo la compré porque llovía y luego me arrepentí cuando vi lucir el sol por la tarde, pero mejor así, claro. Ya que la había comprado visité la casa de Henrik Ibsen, que han convertido en museo e intentado preservar como era durante la vida del autor. Como, aunque me apetece hacerlo, no he visto ninguna de sus obras, lo que evidentemente sorprendió a la amable y sonriente guía que me enseñó la casa para mi solo, mi principal interés residía en ver cómo era una vivienda de finales del XIX, así que me decepcionó que no hubieran podido conservar la cocina, aunque el salón, despacho y las habitaciones sí estaban perfectamente restauradas.

Al igual que la Oslopass, tampoco recomiendo el barco que hace cruceros turísticos por el fiordo: es muy caro y uno puede hacer casi el mismo recorrido por menos dinero en transporte público (que en Oslo puede ser autobús, tranvía o en este caso barco), parando además el tiempo que quiera en cada una de las islas. Siendo de Vigo, el fiordo con sus colinas llenas de casitas al pie del mar me recordó naturalmente a las Rías Bajas. Si el turista tiene suerte y le toca un día de sol, es realmente precioso.












Por último, Oslo es cara incluso para los suecos que van allí a pasar el fin de semana, así que asústense. Todos los bares y restaurantes se ven tan finos que da miedo meterse y los precios de las cervezas son escalofriantes. Y toda la vida nocturna sin excepción se acaba a las tres de la mañana. Bueno, no toda ... Quien busque experiencias más íntimas puede escuchar la llamada (Hi darling) de las alegres señoritas que proliferan por la Karl Johans gate y por buena parte del centro de la ciudad. Parece que lo de la calle Montera de Madrid no es tan excepcional ...

3 comentarios:

Septem Trionis dijo...

Muy interesante, me gustan mucho los países nórdicos y desde luego tengo pendiente Oslo ... aunque la verdad lo de los precios me tira un poco para atrás, ya había oído lo de que Noruega es muy cara.

ruicarvalho dijo...

viva nuestros itmanos galegos.parabens pelo teu blog.eu falo só de musica ,pop-culture.

Dillinger is dead dijo...

Saudos para Matosinhos, muito interessante também o teu blog :-) Gracias también por el comentario a Septemtrionis; Noruega es incluso cara para el nivel escandinavo ... pero, como te imaginarás, vale la pena.